LA VIEJA BARCA

Atrás dejó los días de dura faena con la mar embravecida. Ahora, anclada en un mar de espuma 
de piedra blanca, con la proa elevada para cortar las olas, parece estar diciendo: remad, 
remad, que lleguemos lejos.
Su gastado maderamen no siente ya el salobre del agua, pero sí le llega el rumor de las olas al
 romper en la orilla, y desde su privilegiado sitio, rodeada de flores, tiene ante sí la mar
que se pierde en el horizonte.
Merecido descanso. A veces, sabemos hacer bien las cosas.

                                        J. Mensuro
                                         Abril 2016
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