PINTANDO EN EL ESTUDIO

PORQUÉ PINTO

 

Pinto por satisfacción propia. Dibujar, pintar, es algo vital para mí tan necesario como el respirar.

Como amante de la naturaleza, he fijado en ella mi principal fuente de inspiración, tratando de captar cada detalle de luz, cada matiz, en los que  es tan rico el paisaje de nuestra tierra.

 

El mar es otra constante de mi pintura. Me obsesiona el movimiento de las olas, los blancos remolinos al restallar el agua contra las rocas, la inmensidad de sus horizontes y como, en ocasiones, mansamente las olas lamen la arena de la playa.

 

El otoño, con sus doradas luces, es mi estación preferida. Esas tonalidades cálidas casi imposibles de aprehender con los colores de la paleta, es algo que me apasiona. Es un reto para con cinco colores, captar tanta riqueza.

 

También, en los últimos años, alterno con otra línea en la que sin abandonar la figuración, trabajo en lo que se ha denominado “realismo fantástico” y en la cual, con mayor libertad, plasmo ensoñaciones, mundos oníricos. Temas y composiciones que sólo existen en mi mente y por ello, para mí son más reales que la propia realidad. De esta manera recreo lo que mis ojos vieron, más bien lo que mi emoción quiso ver, pero que pasado por el tamiz de mis sentimientos, toma una nueva dimensión.

 

El ser humano no es ajeno a mi obra, pero casi siempre en función de su trabajo, de su relación con la madre naturaleza. Ahí están mis arrantzales. Gente dura, que en su cara y manos, llevan marcado años de lucha con la mar y la rudeza de su oficio.

 

Cualquiera que sea la temática elegida, preciso que me emocione; que me “diga” algo. Que yo sienta la necesidad de eso que yo veo, plasmarlo en el papel o en un lienzo.

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