PARA VARIAR, UN POEMA

Ignoro el motivo pero llevo unos días nostálgico. Acuden a mi mente recuerdos de cuando niño vivía en Donostia cerca del puerto que era como mi segunda casa; aprender a nadar, remar y sobre todo sentir la grandiosidad de la naturaleza los días de galerna. Sentado en un medio tonel —de los que hay para la salazón— contemplar el mar embravecido, la cortina de agua acompañada de rayos y truenos, era un espectáculo inigualable.VIVENCIAS

El poema que hoy cuelgo —escrito hace tiempo— pretende reflejar aquellos momentos.