Puede que lo que escribo a continuación cause alguna polémica. No es esa mi intención; sencillamente pretendo poner en letras algunas reflexiones que desde  hace bastante tiempo no puedo abandonar.  Posiblemente hoy me he levantado un poco  peleón, lo que me ha decidido a exponerlas.

Estoy  harto de oír  y de leer,  —sobre todo en discursos de políticos— ciudadanos y ciudadanas, compañeros y compañeras, vascos y vascas…  La Real Academia Española de la Lengua, deja bien claro que “en los sustantivos que designan seres animados, se usa en el plural el género masculino, sin distinciones de sexos.” El utilizar ambos sexos, aparte de caer en una cacofonía gramatical, va en contra de la economía del lenguaje. Si por aquello de la igualdad, cambiamos el singular femenino a plural masculino, me veo diciendo: Mosca y moscos, Señoría por Señoríos, con lo que se podría interpretar que los jueces  disponen de amplios territorios  y disfrutan de prebendas difícilmente justificables con su sueldo. Si en lugar de cerezas cambiásemos a cerezos, al ir a comprar un kilo, seguramente el dependiente nos preguntará de qué parte lo queremos si de hojas, ramas, corteza, tronco… ¡Pocas tiendas de comestibles podrán servir éste producto! Si cambio el plural de pájaros por pájaras, queda manifiestamente peyorativo para las mujeres. — ¡Qué pájaras las vecinas del sexto!— Como el tema se  complica y torna algo pantanoso, dejémoslo aquí.

Sin duda, algunas mujeres se sentirán satisfechas por ésta concesión que los políticos prodigan, ya que nada cuesta  y suman votos. ¿No sería más efectivo a favor de la mujer, el igualar para un mismo puesto de trabajo, el sueldo de unas y otros?   Claro que esto es más difícil.  Pienso que deberían atender a lo que dicen los miembros de la RAE y dedicarse al trabajo, para el que han sido elegidos, que puede ser el atender las peticiones  de sus ciudadanos  y no la de su partido, cuando no, según hemos podido saber en más de una ocasión, engrosar el bolsillo  de forma  ilegal.

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La RAE define la palabra género como: “grupo al que pertenecen  los seres humanos  de cada sexo, entendiendo éste desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico.”  Si es así, porqué ahora nos ha dado por decir “violencia de género”.   ¿Qué genero, masculino o femenino?  ¿No queda más claro maltrato a la mujer, y nos dejamos de eufemismos?

Me gustaría poder aportar algo que ayudara a evitar esta masacre. Las manifestaciones en apoyo a las víctimas, el endurecimiento de las penas, el rechazo a los agresores, todo esto está muy bien, pero para cuando esto sucede, el mal ya está hecho.

Sólo se me ocurre apuntar al origen. Culturalmente, tanto en el ambiente, escuelas y familia, educar a los niños en el respeto mutuo, igualdad y libertad de las personas. Desterrar la creencia de que por ser hombre se tiene poder indiscutible sobre la mujer. Es difícil que algunos descerebrados lo entiendan, pero al menos habría que intentarlo.

Poner todas las medidas posibles —teléfono de ayudad, prohibición de acercamiento, mayor vigilancia, mejorar iluminación y condiciones de las zonas propicias para agresiones— para combatir los ataques o maltratos, arropando a las posibles víctimas, antes de que sea un hecho consumado.

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La palabra paridad, parece estar de moda.  Que al menos haya el cincuenta por ciento de mujeres en las listas del  Gobierno, composición de jurados, cargos directivos de empresas, etc. Parece que es algo que los hombres conceden a las mujeres, cuando por ellas mismas, como personas, tienen el derecho natural a la igualdad y no a una concesión. Me parece una discriminación, una especie de protección como si se estuviera repartiendo algo que pertenece a los hombres y se les concede a ellas sin tener en cuenta su preparación, que en muchos casos puede ser superior a la de alguno del otro cincuenta por ciento masculino.

Otra cosa muy diferente es la valía de cada persona, que a mi entender es lo que debe primar en la representación de un cargo. Si hay más mujeres que hombres  capacitadas para llevarlo a cabo, dejémonos de porcentajes y que el trabajo sea desarrollado por la persona más  apta para hacerlo.

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Ignoro si tengo o no razón.  Escribiendo éstas reflexiones me he desahogado y me siento a gusto, lo que a mis años es uno de los pocos placeres que se pueden disfrutar.